Días atrás recibí la amable invitación de Carlos para participar en Impagable, el nuevo vblog temático de Inventarte, los responsables de telúrica entre otros.
Acepté con gusto y el día señalado me dirigí al local de Inventarte, conversamos un rato con Carlos, llegó Arturo y procedimos a empezar el programa.
Un gusto participar

Erich Fromm es natural de Frankfurt, donde nace. en 1900. Estudia sociología en la universidad de Heidelberg, donde se interesa por el psicoanálisis. En 1929 empieza su carrera de psicoanalista en Berlín, donde abandona el judaísmo y estudia a Marx. En marzo de 1934 emigra a Estados Unidos debido al ascenso del poder Nazi.
Durante los 40 publica varios libros y se muda a México para enseñar en la UNAM, abandonando con el transcurso de los años las ideas socialistas, adoptando el anarquismo y criticando siempre la sociedad de consumo capitalista.

El arte de amar es una reflexión sobre la condición humana en una de sus facetas principales, el amor y todo lo que se necesita para poder sentirlo de forma madura, acompañado de fuertes críticas al occidente actual por la banalización que de este hace.
Ya en la introducción advierte:
La lectura de este libro defraudará a quien espere fáciles enseñanzas en el arte de amar. Por el contrario, la finalidad del libro es demostrar que el amor no es un sentimiento fácil para nadie, sea cual fuere el grado de madurez alcanzado. Su finalidad es convencer al lector de que todos sus intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que procure, del modo más activo, desarrollar su personalidad total, en forma de alcanzar una orientación productiva; y de que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina. En una cultura en la cual esas cualidades son raras, también ha de ser rara la capacidad de amar. Quien no lo crea, que se pregunte a sí mismo a cuántas personas verdaderamente capaces de amar ha conocido.

Capítulo I: ¿ES EL AMOR UN ARTE?
Sentimiento placentero y automático o un arte posible de aprender. Esa es la interrogante que se intenta absolver en este capítulo.
El autor se decanta por lo primero, y procede a hacer un análisis del amor en el occidente moderno.
No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor.
El amor es percibido como algo que se recibe, un objeto y para obtenerlo debemos ser dignos de este. Cumplir los patrones sociales de éxito comúnmente aceptados, ser sexualmente atractivos y otros por el estilo. La creencia es que lo fácil es amar y lo difícil conseguir a quien amar, este pensamiento causado por el predominio del Amor Romántico en la actualidad donde el principal problema es conseguir la pareja y no se considera al sentimiento más que una reacción automática.
Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. “Atractivo” significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad.
A pesar de las pruebas en contra, la capacidad de amar es considerada un don innato al hombre, no un arte que se debe estudiar a conciencia y practicar el mismo para alcanzar dominio de la materia. Y este libro pretende dar algunas pautas para poder afrontar con éxito este problema.

Capítulo II: LA TEORÍA DEL AMOR
Antes de teorizar el amor, analiza el sujeto del mismo. El hombre. Y considera la principal característica de este, la conciencia de si mismo. El ser humano es el único que sabe va a morir, se sabe diferente de otros y distinto de los demás, un ente aparte.
El hombre está dotado de razón, es vida consciente de sí misma; tiene conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades de su futuro. Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, del hecho de que nace sin que intervenga su voluntad y ha de morir contra su voluntad, de que morirá antes que los que ama, o éstos antes que él, la conciencia de su soledad y su “separatidad” *, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su existencia separada y desunida una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión y extender la mano para unirse en una u otra forma con los demás hombres, con el mundo exterior.
Esta conciencia de la separación es la que genera la búsqueda de amor, las ansias de unidad, de trascender y superar la soledad intrínseca al ser humano. Cada ser humano dependiendo de quien es, sus circunstancias dará respuestas diferentes. La adoración religiosa, sacrificios humanos, ceremonias orgiásticas, el trabajo obsesivo, el ascetismo, la lujuria son diferentes aspectos de esta busqueda incesante.
El autor pone como ejemplo la uniformidad como busqueda de unidad con la masa. Se argumenta en este capítulo que el alejarse del rebaño para la mayoría de hombres es insoportable, manteniendo la ilusión de individualidad mediante débiles sucedáneos que solo lo sitúan en un lado de la masa como ser hincha de un equipo o fanático de alguna estrella. Hasta la pretendida igualdad de los géneros es un síntoma. Esta posición tan crítica se entiende viniendo de alguien con fuertes influencias socialistas.
En este sentido, también deben recibirse con cierto escepticismo algunas conquistas generalmente celebradas como signos de progreso, tales como la igualdad de las mujeres. Me parece innecesario aclarar que no estoy en contra de tal igualdad; pero los aspectos positivos de esa tendencia a la igualdad no deben engañarnos. Forman parte del movimiento hacia la eliminación de las diferencias. Tal es el precio que se paga por la igualdad: las mujeres son iguales porque ya no son diferentes. La proposición de la filosofía del iluminismo, l´ame n’a pas de sexe, el alma no tiene sexo, se ha convertido en práctica general. La polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, que se basa en dicha polaridad. Hombres y mujeres son idénticos, no iguales como polos opuestos. La sociedad contemporánea predica el ideal de la igualdad no individualizada, porque necesita átomos humanos, todos idénticos, para hacerlos funcionar en masa, suavemente, sin fricción; todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.
Considero que hasta cierto punto tiene razón, pero esa visión del ser humano tan escéptica es mas bien fruto de la polarización de su época, la guerra fría y la cacería de brujas contra todo aquel que pensara diferente.

CAPÍTULO III. EL AMOR ENTRE PADRES E HIJOS
Desde que nacemos experimentamos el primer amor posible, el amor materno. Al infante lo rodea, lo protege es su todo la madre. Al crecer el padre o la figura paterna empieza a ganar importancia, se impone el orden, la disciplina el amor no incondicional sino otorgado por merito y esfuerzo.
En estrecha relación con el desarrollo de la capacidad de amar está la evolución del objeto amoroso. En los primeros meses y años de la vida, la relación más estrecha del niño es la que tiene con la madre. Esa relación comienza antes del nacimiento, cuando madre e hijo son aún uno, aunque sean dos. El nacimiento modifica la situación en algunos aspectos, pero no tanto como parecería. El niño, si bien vive ahora fuera del vientre materno, todavía depende por completo de la madre. Pero día a día se hace más independiente: aprende a caminar, a hablar, a explorar el mundo por su cuenta; la relación con la madre pierde algo de su significación vital; en cambio, la relación con el padre se torna cada vez más importante.
Hemos hablado ya acerca del amor materno. Ese es, por su misma naturaleza, incondicional. La madre ama al recién nacido porque es su hijo, no porque el niño satisfaga alguna condición específica ni porque llene sus aspiraciones particulares. (Naturalmente, cuando hablo del amor de la madre y del padre, me refiero a “tipos ideales” -en el sentido de Max Weber o en el del arquetipo de Jung- y no significo que todos los padres amen en esa forma. Me refiero al principio materno y al paterno, representados en la persona materna y paterna).
La relación con el padre es enteramente distinta. La madre es el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo, el océano; el padre no representa un hogar natural de ese tipo. Tiene escasa relación con el niño durante los primeros años de su vida, y su importancia para éste no puede compararse a la de la madre en ese primer período. Pero, si bien el padre no representa el mundo natural, significa el otro polo de la existencia humana; el mundo del pensamiento, de las cosas hechas por el hombre, de la ley y el orden, de la disciplina, los viajes y la aventura. El padre es el que enseña al niño, el que le muestra el camino hacia el mundo.
Quizás cayendo en arquetipos, Fromm diferencia el amor materno y paterno y estipula la importancia que ambos tienen en el futuro adulto. Por un lado el ansia de ser amado sin condiciones y por otro lado el mérito y el esfuerzo, el ser amado por las cualidades que hacen mejor a una persona. El primero es incondicional, se recibe sin motivo alguno, el segundo se controla y se puede ganar si se actúa como se espera de uno. Ambos son necesarios para el desenvolvimiento de la persona y causa de problemas cuando alguno de los dos falla o no realiza lo que se espera.
Denotando claramente la influencia Freudiana en su pensamiento, Fromm es demasiado determinista respecto a las influencias tempranas en el niño. Sin negar su importancia, la experiencia me indica que esta no es insuperable.

CAPÍTULO IV. LOS OBJETOS AMOROSOS
La creencia de que el amor es exclusivo y único por una sola persona, es combatido por Fromm, para este el amor es una actitud hacia el mundo, una forma de ver la vida y la relación con los demás.
El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un “objeto” amoroso. Si una persona ama sólo a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, o un egotismo ampliado.
Puede compararse esa actitud con la de un hombre que quiere pintar, pero que en lugar de aprender el arte sostiene que debe esperar el objeto adecuado, y que pintará maravillosamente bien cuando lo encuentre. Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida. Si puedo decirle a alguien “Te amo”, debo poder decir “Amo a todos en ti, a través de ti amo al mundo, en ti me amo también a mí mismo”.
Pero aun así reconoce diversos tipos de amor entre los que destaca los siguientes.
Amor fraternal.
Amor a los iguales, a los demás, al prójimo. A pesar de ciertas influencias izquierdosas en sus palabras no deja de ser cierto el que el respeto y aprecio mutuo es la base de toda sociedad.
Amor materno.
El amor incondicional ya referido en el capítulo III.
Amor erótico.
Es el amor como comunmente se entiende, el deseo del otro y la fusión este ser amado.
el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona. Por su propia naturaleza, es exclusivo y no universal; es también, quizá, la forma de amor más engañosa que existe.
Supónese que el amor es el resultado de una reacción espontánea y emocional, de la súbita aparición de un sentimiento irresistible. De acuerdo con ese criterio, sólo se consideran las peculiaridades de los dos individuos implicados -y no el hecho de que todos los hombres son parte de Adán y todas las mujeres parte de Eva-. Se pasa así por alto un importante factor del amor erótico, el de la voluntad. Amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso -es una decisión, es un juicio, es una promesa-. Si el amor no fuera más que un sentimiento, no existirían bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo juzgar que durará eternamente, si mi acto no implica juicio y decisión?
Amor a uno mismo.
A veces mal entendido, una buena autoestima es fundamental para relacionarse con otros. ¿Como se puede amar si ni siquiera se ama a si mismo?
De ello se deduce que mi propia persona debe ser un objeto de mi amor al igual que lo es otra persona. La afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.
Amor a dios.
El amor a dios pasa por diversas etapas dependiendo de quien lo adore. Desde la adoración de animales, dioses con forma de humanos, dioses sin forma alguna hasta llegar al último estado. Dios como todo lo deseable; justicia, amor, compasión, verdad.
En la religión contemporánea encontramos todas las fases, desde la más antigua y primitiva hasta la más elevada. La palabra “Dios” denota el jefe de tribu tanto como la “Nada absoluta”. En igual forma, cada individuo conserva en sí mismo, en su inconsciente, como lo ha demostrado Freud, todas las etapas desde la del infante desvalido en adelante. La cuestión es hasta qué punto ha crecido. Una cosa es segura: la naturaleza de su amor a Dios corresponde a la naturaleza de su amor al hombre, y, además, la verdadera cualidad de su amor a Dios y al hombre es con frecuencia inconsciente -encubierta y racionalizada por una idea más madura de lo que su amor es-. El amor al hombre, además, si bien directamente arraigado en sus relaciones con su familia, está determinado, en última instancia, por la estructura de la sociedad en que vive. Si la estructura social es de sumisión a la autoridad -autoridad manifiesta o autoridad anónima de la opinión pública y del mercado-, su concepto de Dios será infantil y estará muy alejado del concepto maduro, cuyas semillas se encuentran en la historia de la religión monoteísta.
CAPÍTULO V. EL AMOR Y SU DESINTEGRACIÓN EN LA SOCIEDAD OCCIDENTAL CONTEMPORÁNEA
¿ Es posible el amor en el occidente contemporáneo ? es lo que se pregunta el autor, y la respuesta es sorprendente considerando la cantidad de novelas, películas, libros, poemas y canciones de una cultura obsesa con el tema del amor. Es muy dificil y raro encontrar amor.
Con sus ya cansinas -aunque en ocasiones fundamentadas- críticas al sistema capitalista, Fromm diserta sobre la mercantilización del amor y los errores en que se ha incurrido al considerarlo básicamente sexual, un toma y daca mutuo o un equipo de trabajo.
En ese concepto del amor y el matrimonio, lo más importante es encontrar un refugio de la sensación de soledad que, de otro modo, sería intolerable. En el “amor” se encuentra, al fin, un remedio para la soledad. Se establece una alianza de dos contra el mundo, y se confunde ese egoísmo á deux con amor e intimidad.
El amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada; por el contrario, la felicidad sexual -y aun el conocimiento de la llamada técnica sexual- es el resultado del amor. Si aparte de la observación diaria fueran necesarias más pruebas en apoyo de esa tesis, podrían encontrarse en el vasto material de los datos psicoanalíticos. El estudio de los problemas sexuales más frecuentes -frigidez en las mujeres y las formas más o menos serias de impotencia psíquica en los hombres-, demuestra que la causa no radica en una falta de conocimiento de la técnica adecuada, sino en las inhibiciones que impiden amar. El temor o el odio al otro sexo están en la raíz de las dificultades que impiden a una persona entregarse por completo, actuar espontáneamente, confiar en el compañero sexual, en lo inmediato y directo de la unión sexual. Si una persona sexualmente inhibida puede dejar de temer u odiar, y tornarse entonces capaz de amar, sus problemas sexuales están resueltos. Si no, ningún conocimiento sobre técnicas sexuales le servirá de ayuda.
Procede luego a analizar las influencias de los padres en la capacidad de amar. De influencia claramente freudiana estos párrafos darán idea del grado de determinismo al que puede llegar Fromm en ocasiones.
La condición básica del amor neurótico radica en el hecho de que uno o los dos “amantes” han permanecido ligados a la figura de un progenitor y transfieren los sentimientos, expectaciones y temores que una vez tuvieron frente al padre o la madre, a la persona amada en la vida adulta; tales personas no han superado el patrón de relación infantil, y aspiran a repetirlo en sus exigencias afectivas en la vida adulta.
De las neurosis masculinas escribe.
Con respecto a nuestro previo análisis de la personalidad centrada en la madre o en el padre, el siguiente ejemplo de ese tipo de relación neurótica amorosa frecuente hoy en día, se refiere a los hombres que, en su desarrollo emocional, han permanecido fijados a una relación infantil con la madre. Trátase de hombres que, por así decir, nunca fueron destetados; siguen sintiendo como niños; quieren la protección, el amor, el calor, el cuidado y la admiración de la madre; quieren el amor incondicional de la madre, un amor que se da por la única razón de que ellos lo necesitan, porque son sus hijos, porque están desvalidos. Tales individuos suelen ser muy afectuosos y encantadores cuando tratan de lograr que una mujer los ame, y aun después de haberlo logrado. Pero su relación con la mujer (como, en realidad, con toda la gente) es superficial e irresponsable. Su finalidad es ser amados, no amar.
Un caso ilustrativo es el de un hombre cuya madre es fría e indiferente, mientras que el padre (en parte como consecuencia de la frialdad de la madre) concentra todo su afecto e interés en el hijo. Es un “buen padre”, pero, al mismo tiempo, autoritario. Cuando está complacido con la conducta de su hijo, lo elogia, le hace regalos, es afectuoso; cuando el hijo le da un disgusto, se aleja de él o lo reprende. El hijo, que sólo cuenta con el afecto del padre, se comporta frente a éste como un esclavo. Su finalidad principal en la vida es complacerlo, y cuando lo logra, es feliz, seguro y satisfecho. Pero cuando comete un error, fracasa o no logra complacer al padre, se siente disminuido, rechazado, abandonado. En los años posteriores, ese hombre tratará de encontrar una figura paterna con la que pueda mantener una relación similar.
De las femeninas.
Más complicada es la clase de perturbación neurótica que aparece en el amor basado en una situación paterna de distinto tipo, que se produce cuando los padres no se aman, pero son demasiado reprimidos como para tener peleas o manifestar signos exteriores de insatisfacción. Al mismo tiempo, su alejamiento les quita espontaneidad en la relación con los hijos. Lo que una niña experimenta es una atmósfera de “corrección”, pero nunca le permite un contacto íntimo con el padre o la madre y por consiguiente la desconcierta y atemoriza. Nunca está segura de lo que sus padres sienten o piensan; siempre hay un elemento desconocido, misterioso, en la atmósfera. Como resultado, la niña se retrae en un mundo propio, tiene ensoñaciones, permanece alejada; y su actitud será la misma en las relaciones amorosas posteriores.
En resumen un capítulo fundamentalmente psicoanalítico, donde Fromm hace patente su formación freudiana. Como de costumbre, la exposición de casos es la mejor forma de divulgación de psicoanálisis y su lectura es ligera e interesante al comparar con sucesos parecidos conocidos por uno.

CAPÍTULO VI. LA PRÁCTICA DEL AMOR
Final del libro y capítulo donde el autor busca dar una serie de enfoques que ayuden al lector a mejorar su práctica del amor.
En primer lugar ser disciplinados, ningún arte se denomina si solo se practica al estar de humor. Actuar dentro de ciertos límites horarios, ser moderados en las costumbres y sobre todo no considerar a la disciplina algo impuesto desde afuera sino en expresión de la propia voluntad.
Uno de los aspectos lamentables de nuestro concepto occidental de la disciplina (como de toda virtud) es que se supone que su práctica debe ser algo penosa y sólo si es penosa es “buena”. El Oriente ha reconocido hace mucho que lo que es bueno para el hombre -para su cuerpo y para su alma-también debe ser agradable, aunque al comienzo haya que superar algunas resistencias.
La concentración, procurar mantener esa condición es un fin en si mismo, tendemos a hacer muchas cosas a la vez y es común el que se desespera si se le deja un rato solo consigo mismo.
La concentración es, con mucho, más difícil de practicar en nuestra cultura, en la que todo parece estar en contra de la capacidad de concentrarse. El paso más importante para llegar a concentrarse es aprender a estar solo con uno mismo sin leer, escuchar la radio, fumar o beber. Sin duda, ser capaz de concentrarse significa poder estar solo con uno mismo -y esa habilidad es precisamente una condición para la capacidad de amar.
Y cosa curiosa, escribe algo que tiempo atrás había pensado, lo pernicioso de los clichés y lugares comunes en la conversación comun. Huyamos de la banalidad.
Si dos personas hablan acerca del crecimiento de un árbol que ambas conocen, del gusto del pan que acaban de comer juntas, o de una experiencia común en el trabajo, tal conversación puede ser pertinente, siempre y cuando experimenten lo que hablan y no se refieran a ese tema de una manera abstracta; por otro lado, una conversación puede referirse a cuestiones religiosas o políticas y ser, no obstante, trivial; ello ocurre cuando las dos personas hablan en clisés, cuando no sienten lo que dicen. Debo agregar aquí que, así como importa evitar la conversación trivial, importa también evitar las malas compañías. Por malas compañías no entiendo sólo la gente viciosa y destructiva, cuya órbita es venenosa y deprimente. Me refiero también a la compañía de zombies, de seres cuya alma está muerta, aunque su cuerpo siga vivo; a individuos cuyos pensamientos y conversación son triviales; que parlotean en lugar de hablar, y que afirman opiniones que son clisés en lugar de pensar. Pero no siempre es posible evitar tales compañías, ni tampoco es necesario. Si uno no reacciona en la forma esperada -es decir, con clisés y trivialidades- sino directa y humanamente, descubrirá con frecuencia que esa gente modifica su conducta, muchas veces con la ayuda de la sorpresa producida por el choque de lo inesperado.
EL amor como base de la civilización, de las grandes hazañas, de los logros y sueños de la especie es elevado al rango de arte, no un mero sentimiento caprichoso sino un arte de difícil dominio pero agradable práctica.
Si el hombre quiere ser capaz de amar, debe colocarse en su lugar supremo. La máquina económica debe servirlo, en lugar de ser él quien esté a su servicio. Debe capacitarse para compartir la experiencia, el trabajo, en vez de compartir, en el mejor de los casos, sus beneficios. La sociedad debe organizarse en tal forma que la naturaleza social y amorosa del hombre no esté separada de su existencia social, sino que se una a ella. Si es verdad, como he tratado de demostrar, que el amor es la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana, entonces toda sociedad que excluya, relativamente, el desarrollo del amor, a la larga perece a causa de su propia contradicción con las necesidades básicas de la naturaleza del hombre. Hablar del amor no es “predicar”, por la sencilla razón de que significa hablar de la necesidad fundamental y real de todo ser humano. Que esa necesidad haya sido oscurecida no significa que no exista. Analizar la naturaleza del amor es descubrir su ausencia general en el presente y criticar las condiciones sociales responsables de esa ausencia. Tener fe en la posibilidad del amor como un fenómeno social y no sólo excepcional e individual, es tener una fe racional basada en la comprensión de la naturaleza misma del hombre.
Para terminar con este resumen y comentario, en este libro Fromm da una serie de apreciaciones interesantes y muy poco comunes de algo tan conocido y desconocido como el amor. Críticas veladas al amor romántico y alabanza de la disciplina al construir una relación son algunos de los puntos de vista originales que se exponen en El arte de amar.
Un clásico del siglo XX, si lo quieren leer, aquí esta El arte de amar.
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¡Verano!
La playa llama, el calor descubre y el sol quema.
Y es este último e indeseado efecto es el que queremos evitar, pero para poder hacerlo debemos conocer al enemigo.
Un poco de ciencia.
El sol, fuente de luz y energía de la tierra, es a su vez un terrible emisor de radiaciones. Tanto luminosas como invisibles, están tienen algún efecto en todo lo orgánico, nuestra piel por ejemplo. Emite en todo el espectro, especialmente ondas de radio, infrarrojo, luminoso y ultravioleta. De estas la más peligrosa es la ultravioleta al ser la de menor longitud de onda.

La radiación ultravioleta es de tres tipos, los Ultra Violeta A (UVA), los Ultra Violeta B (UVB), y los Ultra Violeta C (UVC). Los rayos UVA son filtrados en la estratosfera, por lo que no alcanzan a incidir en las personas; los rayos UVB, que son unos de los causantes del envejecimiento en la piel, y los UVC que son los provocan el cáncer a la piel, deberían ser filtrados por la Capa de Ozono. Y aquí es donde comienza el problema, ya que el agujero de la Capa de Ozono en el hemisferio sur, que alcanza un tamaño similar al que abarcan las naciones de Estados Unidos y Canadá, permite que los rayos mencionados lleguen directamente a la superficie.

Conocemos de sobra los efectos del sol en nuestra piel. Quemaduras, arrugas, manchas, cataratas y en el peor de los casos cáncer a la piel. No es una bicoca lo que arriesgamos.
¡Y no podemos confiarnos! La nubosidad solo absorbe parcialmente el infrarrojo y la luz visible, dejando pasar el ultravioleta por lo cual no podemos descuidarnos así este nublado el día. En todo momento que estemos al aire libre, debemos tomar precauciones al respecto.
Pero esto no tiene que terminar así, escondiéndonos cual topos de la luz solar, podemos evitar los efectos nocivos del astro rey.
Lo más usado son sin duda los bloqueadores.

Son usados como su nombre lo indica para filtrar e incluso bloquear completamente la radiación solar. Existen tanto físicos como químicos.
Físicos
Son aquellos que contienen Dióxido de titánio, óxido de zinc, caolín y otros compuestos que tienen la propiedad de reflejar y dispersar la luz. Brindan protección contra el espectro de luz ultravioleta y luz visible. Necesitan reaplicaciones frecuentes.
Químicos
Estos contienen sustancias químicas que son capaces de absorber radiaciones ultravioletas. Existen diferentes tipos que protegen en forma muy especial contra la luz ultravioleta B (UVB). Existen diversos compuestos derivados del ácido paraaminobenzoico *ácido salicílico, benzofenona, alcanfor, cumarina, benzoxasol, ácido cinámico o parametoxicinámico, dihidroxiacetona, dihidroxinaftoquinona, guanina, octil-metoxi-cinamato, ácido fenil- bencimidazol sulfónico y metilbencidilina.
El grado de protección que brinda un bloqueador solar se indica por el factor de protección solar (SPF por sus siglas en ingles) impreso en la etiqueta del producto, todo aquel que tenga un SPF mayor o igual a 15 es considerado un bloqueador solar.
Físicamente el FPS es un número que indica cuál es el múltiplo de tiempo al que se puede exponer la piel protegida para conseguir el mismo efecto eritematoso que se obtendría si no se hubiese aplicado ninguna protección.
Por ejemplo: si una persona puede exponerse al sol el primer día 10 minutos sin tener enrojecimiento ni quemaduras, un FPS 15 utilizado adecuadamente la protegerá del sol durante 150 minutos (10×15), aunque no es tan correlativo.
En general todo bloqueador necesita ser reaplicado después de permanecer en el agua un buen rato o sudar en exceso.
¡Al agua!

Este libro, el más conocido de Carlyle, es el resultado de seis conferencias que este da en 1840 frente a lo más selecto de la elite social e intelectual de el Londres victoriano.
Se han dado muchas interpretaciones a este escrito, Carlyle ha sido acusado de predecesor del fascismo, reaccionario embozado, conservador acérrimo y otras lindezas por el estilo. ¿Pero quien era realmente este caballero escoces? y ¿por que su libro ha sido motivo de tanta polémica?
Thomas Carlyle nace en Escocia, en el seno de una estricta familia calvinista. Contradiciendo a su familia que quería hacer de él predicador, se vuelve profesor de matemáticas a la par que estudia en profundidad la filosofía alemana. Convertido en un intelectual reconocido por los tres tomos que pública sobre la revolución francesa, abandona paulatinamente la influencia socialista adoptando posiciones tanto antidemocráticas como enemigas de la jerarquía nobiliaria por lo que es frecuente considerarlo un precursor del fascismo.
Esencialmente romántico, despreciaba la comercialización de la vida inglesa en el siglo XIX, el individualismo propugnado por el capitalismo y la democracia, a la que consideraba expresión de la decadencia de una sociedad que no pudiera encontrar personalidades fuertes que la dirigieran.
Su reverencia al héroe parte de considerar la historia no como procesos con reglas propias sino de caos que es formado por la acción de personalidades superiores, hombres elegidos que dan forma a las sociedades y la historia mediante su pensar y accionar.
Los seis capítulos del libro son reseñados a continuación.

En este capítulo, Carlyle empieza dando un breve introducción a su filosofía de la historia, con párrafos como el siguiente, donde su particular prosa se pone al servicio de la idea de lo heroico.
Es imposible reflexionar en este momento sobre tan importante y extenso tema con el detenimiento que merece, por ser ilimitado y tan amplio como la Historia Universal. Ésta, el relato de lo que ha hecho el hombre en el mundo, es en el fondo la Historia de los Grandes Hombres que aquí trabajaron. Fueron los jefes de los hombres; los forjadores, los moldes y, en un amplio sentido, los creadores de cuanto ha ejecutado o logrado la humanidad. Todo lo que vemos en la tierra es resultado material, realización práctica, encarnación de Pensamientos surgidos en los Grandes Hombres. El alma universal puede ser considerada su historia. Evidentemente, es una materia que supera nuestra potencia de juicio.
El primer tipo de héroe analizado es el dios pagano, el cual para el autor no es más que el recuerdo de un gran hombre, pensador y estadista que da forma a pueblos en embrión. Pone como ejemplo a los escandinavos y Odín, al cual considera algún antiguo Rey el cual por sus múltiples logros y pensamiento dejara una huella duradera en los pueblos nórdicos.
Creemos que el Hombre a quien llamamos Odín y su Dios principal era eso: un Maestro, un capitán en cuerpo y alma; un Héroe de inmensurable mérito, al que tanto admiraron que rebasaron los límites, llegando a la adoración. ¿No tenía poder para expresar el Entendimiento y otras muchas cualidades milagrosas? El rudo corazón escandinavo sentiría ilimitada gratitud. ¿No había resuelto para ellos el enigma de la Esfinge del Universo, indicándole su destino? Él fue quien enseñó cómo tenían que obrar, qué esperanzas podían abrigar. La vida era ahora explícita, era melodiosa para él; él fue el primero que dio vida a la Vida. Llamaremos a Odín origen de la Mitología escandinava, Odín, o el nombre que llevó el primer pensador escandinavo mientras fue un hombre entre los hombres. Una vez promulgada su concepción del Universo floreció en todas las inteligencias, acrecentándose incesantemente, grabándose en todos los cerebros como escrita con tinta simpática, haciéndose visible para todos. El gran acontecimiento de la época, enlazado con los demás, es la aparición del Pensador.
El héroe elevado a la categoría de dios por el pueblo al cual dio forma con sus esfuerzos y trabajos, es para Carlyle la más primitiva forma de héroe que podemos rastrear en la historia humana y es el centro de lo expuesto en el primer capítulo.

Cosa curiosa es la admiración de Carlyle por Mahoma. Conservador y racista sin ambages, la pleitesía que rinde a Mahoma como profeta y legislador es incompresible sino se ha profundizado en la idea del héroe.
Mahoma es el arquetipo históricamente comprobado, de un hombre que mediante su pensamiento, predicación, lucha y sacrificio da forma a un pueblo en estado caótico y lo convierte en una arrolladora máquina de conquista.
Carlyle hace un relato sucinto de la vida de Mahoma y como su profunda creencia en Alá, celo en extirpar idolatrías y la fe que se traslucía en cada uno de sus actos, lo llevaron a la unificación de las tribus árabes bajo un solo mando y una sola religión. Esta nueva organización les daría tal fuerza que menos de un siglo después los mahometanos conquistarían España, colocando a la cristiandad contra la pared por largos años.

Avanzando en la historia, el pensamiento humano progresa y ya no puede considerar a sus héroes dioses o profetas, estas son categorías que quedan en el pasado.
Los Grandes Hombres reciben los nombres de Héroe, Profeta, Poeta, según la época y lugar, de conformidad con las variedades observadas en ellos, de acuerdo con la esfera en que se manifestaren. Según este principio pudiéramos darles muchos más nombres. Indiquemos un hecho importante: que la diferente esfera constituye el origen de tal distinción; que el Héroe puede ser Poeta, Profeta, Rey, Sacerdote, lo que queráis, según el ambiente en que nazca. Declaro no tener noción de hombre verdaderamente grande que no pueda ser todo lo que puede ser un hombre. El Poeta capaz sólo de tomar la pluma y componer versos, nunca ejecutará un verso que valga mucho. No puede cantar al Heroico guerrero si él no es también un guerrero heroico. Imagino que en él está el Político, el Pensador, el Legislador, el Filósofo, que pudo ser todo eso, que lo es en su fondo. Por eso creo también que Mirabeau pudo haber escrito versos, tragedias, poemas, conmover los ánimos con su inflamado corazón, el fervor que en él había, las ardientes lágrimas que encerraba, si su vida y educación hubieren tendido a ello. El carácter del Grande Hombre es el fundamental; que sea grande. Napoleón tiene palabras que igualan la batalla de Austerlitz. Los Mariscales de Luis XIV son hombres de genio poético; los dichos de Turena son sagaces y geniales, como los de Samuel Johnson. En eso reside la grandeza de corazón, la vista perspicaz, sin que haya hombre que pueda prosperar sin ella en nada. Petrarca y Boccaccio pudieron ser excelentes diplomáticos, sin duda, puesto que efectuaron cosas mucho más difíciles. Burns, excelso poeta lírico, pudo ser un Mirabeau perfeccionado. Ignoramos en qué no hubiera sobresalido Shakespeare y en sumo grado.
El héroe puede asumir diferentes formas, pero siempre sera la personificación de un pueblo y el punto de convergencia de este. Alfarero de pueblos, el gran hombre da forma a la sociedad mediante su actuar, que depende del momento histórico que le toque vivir.
Tanto Dante como Shakespeare son héroes-poetas. Ambos aglutinan a su nación mediante la lengua. Le dan forma al lenguaje, lo pulen y convierten no solo en comunicación sino en motivo de identificación y orgullo para sus hablantes.
Además, dejando de lado la espiritualidad, considerándolo como posesión real, comercial, utilitaria, pensemos que Inglaterra contará dentro de poco sólo una minúscula fracción de ingleses en esta isla; en América, Nueva Holanda, en Oriente y Occidente hasta los Antípodas, habrá una extensa esfera sajona que cubrirá grandes espacios del Globo. ¿Qué será entonces lo que servirá de lazo formando una sola Nación, para que no se originen luchas y vivan en paz, en fraternales relaciones, prestándose mutua ayuda? Esto se considera el mayor problema práctico, lo que toda clase de soberanías y gobiernos tienen que llevar a cabo; ¿qué será lo que pueda lograrlo? Las Leyes del Parlamento, los Presidentes del Consejo no lo pueden. América se ha separado de nosotros; el Parlamento no pudo evitarlo. No creáis fantasía lo que vaya manifestaras, es pura realidad: Tenemos un Rey Inglés al que ni el tiempo, ni el destino, el Parlamento o combinación de Parlamentos, pueden destronar. ¿No es Shakespeare rey que brilla sobre todos nosotros, soberano coronado, como el más noble, amable, vigoroso lazo, indestructible, ciertamente más valioso desde ese punto de vista que cualquier otro medio o instrumento? Imaginémoslo como astro radiante que centellea muy alto sobre todas las Naciones de Ingleses durante un milenio. Tanto en Paramatta como en Nueva York, en todas partes, en cualquier jurisdicción, se dirán los ingleses e inglesas: Si, este Shakespeare es nuestro; nosotros lo produjimos, hablamos, pensamos debido a él; somos de su misma sangre; estamos emparentados con él. Hasta el más sesudo político puede pensar lo mismo.
Sí, ciertamente gran cosa es para una Nación tener una voz que hable por ella, producir un hombre que exprese melódicamente lo que siente su corazón. Italia, la pobre Italia, destrozada, dividida, que no figura en protocolo o tratado como unidad, la noble Italia es realmente una, porque produjo un Dante y puede dejar oír su voz. Fuerte es el Zar de todas las Rusias, con tantas bayonetas, cosacos y cañones, haciendo bastante con sostener políticamente unido ese gran trecho de Tierra, pero no tiene voz. Algo grande hay en él; pero es una muda grandeza. Le falta una voz genial para que lo escuchen todos los hombres y todas las edades. Tiene que aprender a hablar. Hasta ahora es un gran monstruo mudo. Sus cañones y sus cosacos se habrán herrumbrado hasta no ser y todavía se oirá la voz de aquel Dante. El Pueblo que tiene un Dante está unido como no puede estarlo ninguna muda Rusia. Eso es lo que teníamos que decir sobre el Héroe-Poeta.
Las lenguas identifican a los pueblos, son el lazo que las une y aglutina. El poeta que realiza esta obra es también un forjador de Naciones, un héroe.

El siguiente modelo de héroe es el Sacerdote, no necesariamente aquel ensotanado que mal dirige una comunidad de fieles, sino aquel que guía cabalmente a su grey por los caminos del espíritu, distinguiendo lo temporal de lo permanente, lo divino de lo mundano.
El sacerdote como héroe es aquel que encamina a los suyos en tiempos turbulentos y difíciles, reformando la religión -fundamento de los pueblos- para despojarla de impedimentas e idolatrías, regresando a los orígenes de la fe.
Es el Sacerdote guerrero y batallador que conduce a su pueblo, no al trabajo tranquilo y fiel como en tiempos de bonanza, sino al conflicto fiel y valeroso en tiempos de violencia, de disolución, servicio mucho más peligroso, más memorable, fuere o no más elevado. Éstos son los dos hombres que consideramos nuestros mejores Sacerdotes, ya que fueron nuestros mejores Reformadores. ¿No es el :verdadero Reformador por naturaleza el Sacerdote ante todo? Él es quien apela a la invisible justicia del Cielo contra la fuerza visible de la Tierra, sabiendo que la invisible es la única fuerte; cree en la divina verdad de las cosas, clarividente cuya vista rasga las apariencias, adorador de la divina verdad de las cosas. Es Sacerdote, porque de no serlo ante todo, no valdría como Reformador.
Los ejemplos son claros. Lutero el gran reformador, que separa a los países germanos de la corrupción de Roma fundando un culto donde los hombres sean más libres de comunicarse con su dios por medio de los actos y la fe, no los vanos ritos en que cae el papismo. Y Knox, el fundador de la iglesia escocesa. Predicador incansable, aguerrido y recio, capaz de discutir con una reina y no cejar ante hombres armados, fue el hombre clave en la aparición del puritanismo de tanta influencia en la posterior historia de Gran Bretaña.
Las religiones son la base de una sociedad. El hacer de la fe un mejor instrumento de vida, una influencia que adapte y apoye al ser humano es una tarea fundamental para el desenvolvimiento de una nación, el que hace posible esto es a su vez un héroe.

El literato es aquel que forja ideas y las lanza a la arena pública. Poder inmenso el de aquellos que con su verbo se hacen de un lugar en la mente de los ciudadanos, forjan su pensamiento y dirigen la opinión pública.
Algo he escrito sobre estos tres Héroes Literarios, expresa o incidentalmente, cosas ya conocidas por vosotros que no es preciso repetir. Esos hombres nos interesan como Profetas singulares de aquella época singular, porque virtualmente lo fueron, y el aspecto presentado por ellos y por su mundo, desde este punto de vista, debe llevarnos a reflexionar. Yo los llamo Hombres Auténticos, que fielmente e inconscientemente lucharon por ser auténticos y por situarse en la eterna verdad de las cosas. Esto con una intensidad que los distingue eminentemente de la desdichada masa artificial de sus contemporáneos, y los hace dignos de ser considerados hasta cierto punto como Verbos de la eterna verdad, como Profetas de su tiempo. Fueron lo que fueron por noble necesidad de la misma Naturaleza: hombres de magnitud tal, que no podían vivir de irrealidades, en las nebulosidades y frivolidades; la insubstancialidad cedía a sus pasos, no pisando más que tierra firme, sin descansar ni andar regularmente hasta que hallaban sólido terreno. Fueron Hijos de la Naturaleza en una época de Artificio: Hombres Originales.
Aquel que además de guiar el pensamiento, mediante su palabra incita a la acción y marca una época, ese es el héroe literato, el que con sus escritos remece y renueva una nación.

En este capítulo es donde Carlyle expone su admiración sin ambages por los grandes hombres, los líderes que se imponen a una nación y determinan los destinos de esta a su saber y entender.
Ningún daño causa la reflexión sobre cosa que nos atañe en todas las relaciones de la vida, la Lealtad y Soberanía, que son las supremas. Estimo más despreciable el error que atribuye al egoísmo equilibrio y componendas de ansiosas bellaquerías el motivo de todo y, que en resumen, cree que nada hay de divino en la sociedad de los hombres, cosa natural en un siglo incrédulo, que el error de creer en el derecho divino, en los llamados Reyes. Por eso digo: indicadme al verdadero Könning, Rey o Capaz; ése será el que tiene derecho divino sobre mi. Saber hasta cierto punto la manera de hallarlo, estando todos dispuestos a reconocer su derecho divino al señalárselo, es precisamente la panacea que busca por todas partes el mundo doliente en estos tiempos. El verdadero Rey, como guía en lo práctico, tiene algo del Pontífice, guía espiritual, de la que se desprende toda práctica. Bien se dice que el Rey es cabeza de Iglesia. Dejemos dormir tranquilamente en las estanterías la Polémica de un siglo muerto.
Carlyle toma como ejemplo al tan odiado Cromwell en quien descubre las virtudes que caracterizan a un gran hombre. Fe, constancia, sinceridad y una idea de a donde quiere llegar, nada de palabras al viento ni golpes de timón apenas cambian los vientos. Un gran hombre debe ser consecuente en sus actos y estos deben tener un objetivo, poniendo su vida al servicio de esta causa.
¡Conocer los hombres dignos de confianza!, por desgracia estamos aún lejos de ello. Sólo el sincero puede reconocer la sinceridad. Lo que precisamos no es únicamente el héroe, sino un mundo apropiado para él, mundo no poblado de Ayudas de Cámara, porque entonces el Héroe surgirá en vano. Si, está lejos de nosotros, pero debe llegar; a Dios gracias se le ve avanzar. ¿Con qué contamos hasta que llegue? Con Urnas electorales, votos, Revoluciones francesas; pero, para ser Ayudas de Cámara, que no reconocen al Héroe cuando lo ven, ¿de qué nos sirve todo eso? Surge el heroico Cromwell; pasa siglo y medio sin que le concedamos un solo voto. El mundo hipócrita e incrédulo es propiedad natural de la Superchería, del Padre de los charlatanes y las ficciones. Lo único posible es la miseria, la confusión, la mentira. Las urnas electorales alteran la figura del charlatán, mas su sustancia es la misma. El Mundo de estúpidos Lacayos tiene que ser gobernado por el Héroe Fingido, por el Rey que sólo tiene de rey sus galas. Ése es su mundo; él es su rey. En resumen, o aprendemos a conocer al Héroe, al verdadero Gobernante y Caudillo cuando le tenemos ante los ojos, o continuarán gobernándonos los que nada tienen de héroes, aunque pongamos urnas electorales en cada esquina, porque nada remedian.
Llega el momento preciso, la nación se remece, hay que darle rumbo a un pueblo desorientado, reformular las instituciones, imprimir actividad y vigor a un pueblo que desfallece. Lega el hombre providencial que con su presencia, virtudes, arrojo e ideales da nueva vida a la nación y la encarrila al futuro. Este es el último y más grande héroe para Carlyle, el conductor de pueblos.
A lo largo de este breve resumen hemos visto la idea central de Carlyle, el héroe como forjador de pueblos y autor de la historia. Esta es una posición que vista en su contexto no deja de tener algún sentido. En las primeras décadas del siglo XIX el idealismo alemán llega a su más alto punto con Hegel. La filosofía de la historia hegeliana postula procesos independientes en gran medida de la voluntad humana, la persona como parte de una dialéctica que se desarrolla por si misma sin que las fuerzas de los hombres puedan hacer algo más que entenderla a posteriori.
Mal entendido es visto como determinismo y ante esto una personalidad romántica como Carlyle se rebela y postula una teoría radicalmente opuesta, hombres superiores como forjadores de la historia. Héroes fundadores, profetas y caudillos son motores de la historia y la estirpe humana es el campo de acción de estos predestinados a la gloria.
Juzguen ustedes mismos, acá les dejo Los Heroes.
Este fue un año sui generis.
A lo largo de mi vida siempre tuve una ocupación específica. Estaba en el colegio, en la universidad, de vacaciones o similares. Siempre que alguien preguntaba podía responder a que me dedicaba en un par de palabras.
En la vuelta al sol que hoy termina, esa sencilla forma de vida se vio reemplazada por una deliciosa indeterminación. Con un tema de fondo, mi tesis de grado; una ocupación eventual, la construcción; y muchas actividades, intereses y experiencias paso este año de exquisita indecisión.
Considero que me he desarrollado como persona y como profesional adquiriendo más conocimientos, más amigos, más habilidades de diferentes tipos.
En resumen ha sido un buen aunque extraño periodo para mi.
Ahora, a grandes rasgos los planes para el 2008 son:
- Iniciar una maestría, soy joven, no tengo gastos de ningún tipo y mis padres pueden apoyar, así que es el momento preciso para hacerlo. Sugerencias son bienvenidas.
- Trabajar. Este año debo empezar a trabajar, adquirir experiencia y ganar dinero de forma regular y no tan inestable como siempre ha sido.
- Dicen que toda lista debe tener tres elementos así que coloco esta confesión de no tener más objetivos para el 2008.
Ahora si, a alistar todo para la perdición de rigor.
¡Feliz Año!

Un autor al cual soy aficionado, quizás por mi talante algo romántico, es a Joseph Conrad.
De verdadero nombre Józef Teodor Konrad Korzeniowski, nació en Ucrania y su temprana infancia la paso en Polonia de donde eran originarios los suyos. Luego de una serie de tragedias familiares, queda huérfano y se hace marino en la marina mercante francesa, embarcándose en el puerto de Marsella.
Vive una vida aventurera involucrándose en tráfico de armas, conspiraciones políticas en países como Venezuela, un desastre amoroso entre otros sucesos que marcan a fuego esta temprana etapa de su vida. A los veintiún años entra a servir en un barco mercante británico, siendo paradójico que un conocido autor de la literatura inglesa haya dominado este idioma a tan tardía edad y lo haya hablado toda su vida con fuerte acento polaco.
Sus aventuras continúan, visita África, naufraga frente a Sumatra y llega a tomar parte en la creación del Estado Libre del Congo, colonia donde constara la terrible explotación y miseria infrahumana que pesa sobre los nativos de estas tierras. Todas estas experiencias que posteriormente vertería en su producción literaria.
Presentado el autor, trataré de la obra cuyo título lo es a su vez de este post.
Tifón es una novela corta de Conrad y como su nombre indica, trata sobre una poderosa tormenta que se abate sobre un barco que transporta pasajeros entre Oceanía y China. Sobre este simple argumento el autor teje con pluma maestra las descripciones de los personajes, las situaciones y el telón de fondo que como es habitual en él, es un escenario exótico donde un grupo humano se ve enfrentado a las fuerzas de la naturaleza y el caos humano.
Mantiene los detalles que dan su sello indiscutible a los libros de Conrad. Protagonistas de origen europeo, marinos de profesión que sobrellevan aventuras en las amplias tierras que eran colonias europeas a lo largo del globo. Las descripciones de los paisajes se combina con una acción de alto contenido psicológico, analizando a los personajes en sus motivaciones, orígenes y circunstancias que los llevaron a ese preciso momento donde todo este desarrollo determinará el destino que inexorable caerá sobre ellos.
La considero recomendable de leer, el espíritu aventurero que la impregna es cautivante. Uno sueña con barcos perdidos en la inmensidad azul, paisajes exóticos y un mundo más amplio y menos regulado que se fue hace ya muchos años para no volver.
