Este sábado 15 se llevará a cabo el Ubuntu Day en la Universidad Tecnológica del Perú a partir de las 9am, están todos invitados.

Difundan esta información en donde lo deseen.

Ayer sábado 8 de Noviembre se llevo a cabo el Barcamp, una palabra lo define todo: Excelente

¡Salio muy bien!, felicitar a los organizadores Alexis Bellido, Antonio Ognio, Cesar Soplín y Germán Martinez es un deber ineludible.

Días atrás surgió la idea y ante mis ojos atónitos vi la rapidez con que se desarrollaba. Acostumbrado a ver surgir iniciativa tras iniciativa sin suceso alguno, fue sorprendente que un evento sea tan bien realizado solo con dos semanas de preparación.

A los pocos días de anunciada la fecha ya se tenían cien asistentes inscritos, algo que no pensaba posible para un evento de ese tipo en el Perú, eso sin contar los auspiciadores y el apoyo generoso de varios miembros de la comunidad. Apenas supe me inscribí y escribí algunas ideas sobre temas a tratar en el barcamp.

El viernes anterior me pegue una amanecida terminando un trabajo para estar libre el sábado. Desperté a cerca a las 9, desayune y salí de casa. Llegar al centro empresarial fue fácil, ubicar la torre 12 no represento un gran problema, pero entrar si lo fue. ¿El problema?, no me dí cuenta que debía empujar la puerta.

Una vez adentro salude a los amigos, vi charlas e hice mis diapos con la portátil de Ricardo Supo. El tema escogido: que hacer para que un sistema empresarial en entorno web tenga un desarrollo exitoso. Ambicioso ya lo se, pero dado el tiempo solo procure dar algunos criterios. Admito que a pesar de tener ya decenas de charlas a cuestas me puse algo nervioso, saber que el auditorio eran todos conocedores y que cualquier desliz seria notado me hizo efecto y hable aún más rápido que de costumbre, se que se dieron cuenta ya que un par me lo mencionaron. En todo caso creo que deje en claro lo que deseaba decir.

Salude/converse con algunos amigos que no veía hace buen tiempo, como los ex-Ulix, Carlos(¡homo ludens!), Juan Pablo, Germán, Vily, Neo Sergio y otros tantos cuyos nombres no recuerdo. Hubieron detalles bacanes como la pizza, los bocadillos, las tazas, todo bien geek hasta el último detalle.

Es el primer evento de este tipo al que asisto, por lo general las charlas son con fines de difusión y asisten algunos conocedores y muchos novatos con mayor o menos grado de interés. Este fue un caso totalmente diferente, todos eran por lo menos conocedores, el lenguaje más técnico podía ser usado sin problemas, sin eufemismos, todos geeks :D

Luego de varias horas a eso de las 6:30pm acaban las conferencias y procedieron a instalar sendas dosis de cerveza. Yo tuve que retirarme, obligaciones familiares ineludibles dieron por terminado ese interesante día para mi.

Las fotos están siendo publicadas en flickr con el tag barcamplima1.

Como es costumbre todos los 8 de octubre nos quedamos en casa a descansar, quizás salimos a pasear, aprovechamos para despertar tarde, flojeamos todo el día, lamentamos que al día siguiente debemos trabajar de nuevo o cualquier otro ritual de feriado que cumplamos. Pero por lo general olvidamos la fecha que conmemoramos durmiendo unas horas más y sobre todo al héroe máximo de esa jornada.

Al caballero de los mares, el Almirante Miguel Grau Seminario.

La primera vez que leí sobre las hazañas de Grau era niño y vino a mi mente el último libro que acababa de leer: la Iliada. De alguna manera en mi mente trace un paralelo entre Héctor, el troyano y nuestro ilustre marino. A pesar de los años sigo manteniendo esa idea en mi, no puedo evitar pensar en uno cuando se menciona al otro.

Héctor es un arquetipo del héroe puro, aquel que pelea no por ambición, no por gloria, no por ansias guerreras o un carácter sanguinario. Es el patriota que cuando ve a su familia, a su pueblo amenazado toma las armas y se convierte en el baluarte más firme de los suyos, el muro tras el que reposa expectante la nación entera. Grau entra de lleno en esta definición.

Cuando uno lee su vida no observa un afán desmedido de gloria, deseo de poder o guerra, más bien es un hombre tranquilo, de familia, honesto. Un buen ciudadano en todo sentido, que cumple sus deberes para con todo aquel con quien tiene alguna responsabilidad. Desde muy joven se embarca y vive diversas aventuras: naufragios, motines, golpes de estado, el combate de Abtao son algunos de los sucesos que contribuyen a forjar su carácter y labrar el pedestal por el que subiría a la gloria.

En su biografía se observa el mismo patrón, no un hombre deseoso de aventuras y guerra, más bien un Odiseo que espera salir indemne de todas para regresar a casa, a su amada patria, con el deber cumplido. Y es así como veo su hora final, partiendo una vez más a cumplir una misión que sabe sin esperanza.

La derrota en el mar era obvia y más aún para un experimentado marino como Grau. A seis blindados el Perú oponía uno solo, a un país en orden y prospero se enfrentaba uno en permanente anarquía y pobreza. Aún así alarga lo inevitable, durante meses Chile se desespera al no poder tomar el mar, sus barcos son atacados uno a uno, las lineas telegráficas cortadas, los buques hundidos, un gabinete cae debido a las andanzas de nuestro almirante.

Su talla homérica se revela en cada detalle, no son sus últimos escritos discursos gloriosos, ni partes que eleven su gloria. Como Héctor en las puertas de Troya, la última carta que escribe es a su mujer, a la que desde Arica tranquiliza con estas palabras.

Esta misma noche voy a salir con la «Unión» a una corta excursioncita por el sur. No hay peligro ninguno, por consiguiente, no tienes porque alarmarte, ni menos asustarte. Saluda a mis hermanas y a Gómez, lo mismo que a Misia Luisa y demás familia.Con un fuerte y cariñoso abrazo, se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada instante.

Y es en el puerto donde los dejamos, a él y su buque, que en Angamos tenían una cita con la inmortalidad.

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Este 3 de Octubre se cumplieron 40 años de la “Revolución Peruana”, golpe de estado que se propuso imponer desde arriba una serie de reformas que modernizaron el Perú y eliminaron tensiones sociales. Ya muchos han escrito posts sobre el golpe, reformas, consecuencias y algo que no me extraño fue leer en diferentes comentarios y en la columna del inefable Aldo Mariategui visiones totalmente reaccionarias y descriteriadas sobre las transformaciones llevadas a cabo, en especial la nunca suficientemente bien ponderada reforma agraria.

No redundaré sobre temas ya tratados hasta la saciedad, para dar algunas luces y sobre todo hacer pensar contare algo más personal.

A diferencia de muchos de los que escriben, tuve contacto personal a través de esa influyente figura que fue mi abuelo materno, con el mundo rural andino anterior a la reforma agraria. Mi abuelo nació y se crió en una hacienda del Callejón de Huaylas, donde su padre era señor de horca y cuchillo, palabra que dijera era ley, total, ¿solo eran indios no?

En las vacaciones del colegio él y sus hermanos tenían un preceptor, quien procuraba que no se desbanden demasiado entre las chacras y animales. En cierta ocasión, se produjo una revuelta, alguna comunidad no quiso cumplir quien sabe que obligación, tal vez se negaron a trabajar gratis, exigieron la devolución de unas hectáreas, robaron algo quizás. Recuerdo a mi abuelo contando como después de la represión su tutor los llevo a ver los resultados: cadáveres de indios abaleados tirados en tierra, apilados para ser enterrados; caporales al servicio de la familia o tal vez la guardia civil habían respondido como sabían hacer, a balazo limpio y un puñado de indígenas muertos coronaban la jornada.

Pero las balas no eran el único método, un peón era un bien valioso para las haciendas, tanto o más que las vacas, así que se buscaban métodos menos destructivos para ponerlos en vereda. Por ejemplo mi abuelo contaba como se disciplinaba a los naturales: una argolla en el techo, las manos atadas y látigo con el infractor hasta que purgue su crimen, ¿cual era?, responder mal, no cumplir ordenes, perder un animal, lo que sea. Más que castigar un crimen el fin era atemorizar.

Toda ocasión era buena para demostrar quien mandaba. Había una fiesta, no recuerdo cual, en que los campesinos celebraban determinados ritos mitad cristianos, mitad paganos. Uno de estos era sacar en procesión a su señor, literalmente. Al hijo mayor de los patrones (mi abuelo) lo subían en un anda, lo vestían con maíz, papas, frutas entre otras cosechas y lo paseaban a hombros por las tierras de la hacienda, a ritmo de “la propia musica de los naturales”: el patrón, representante de la divinidad fertilizaba los campos con su sola presencia.

Con el tiempo, dos viejas locas y la desmedida ambición de la Iglesia hicieron que se perdiera la mayor parte de Pongor y el poder de la familia en la zona, esa historia da para otro post, les adelanto que el único buen lugar para los curas eran “dos metros bajo tierra” en palabras del abuelo.

Como sabe cualquiera que haya estudiado física o historia, toda acción genera una reacción, el resentimiento, odio y violencia son fuerzas que no pueden ser embotelladas tanto tiempo sin que estallen.

Cuando se inicia la reforma agraria, los campesinos cumplen su anhelo de siglos y entran a saco en las haciendas. La imagen que tenemos de militares apoderándose ordenadamente de las tierras solo corresponde a la costa norte y poco más, en el resto del país como de costumbre las cosas fueron más anárquicas. Mi abuelo contaba con ira como las pocas tierras que quedaban fueron presa de las comunidades vecinas, los animales de engorde degollados y comidos en pachamanca, los sombríos destrozados a punta de chaquitaclla.

En esa época vivía él en Chimbote, “apenas me entere que los indígenas habían entrado a las tierras cogí mi carabina y fui corriendo a Huaraz a ver que pasaba”. Hombre de armas tomar no se quedo tranquilo, consiguió gente, armas, munición y caballos “para sacar a esos indios de las tierras”. Pero el péndulo de la historia se había movido y esta vez los naturales no se dejarían violentar tan fácil.

Una vez llegados a la hacienda fueron recibidos a punta de piedras, rejones y algún arma de fuego, los compañeros de mi abuelo huyeron y a él lo capturaron, patearon, humillaron y para terminar la faena le colocaron papas calientes en los ojos, de milagro logro salvar la vista pero el izquierdo nunca se recupero del todo.

Si no lo mataron fue porque sabían que los militares no tendrían consideraciones a la hora de conservar el orden, como lo demostró el terrorismo, la alternativa a las reformas era el comunismo polpotiano de Abimael y su banda de monstruos.

El resto es historia: Sendero Luminoso, la guerra interna y la pacificación, las reformas de los 90 que profundizan y amplían lo bueno hecho por los militares (que abundantes errores cometieron también) y un Perú mucho más integrado, homogéneo y socialmente cohesionado de lo que pudo ser sin Velasco y la reforma agraria.

Descanse en paz general.

Algunos posts:

Imprescindibles posts de Silvio Rendón:

La Sole perpetra una versión kitsch de la conocida canción.

Rian y disfruten.

Entre los recuerdos más claros de mi temprana niñez están los coches bomba, los apagones, toques de queda, el terrorismo como hecho dominante de la vida nacional y de las conversaciones de los adultos. Incluso mis padres dejaron de salir de noche cuando el coche bomba de camino real exploto cerca a ellos, si no fuera por la camioneta blindada que Minero Perú daba a sus principales funcionarios, este blogger seria uno más de los miles de huérfanos que dejo la guerra.

Al comprar La cuarta espada, no había recibido mayor exposición al libro que el hecho de su existencia, esperaba una historia novelizada de sendero, una biografía no autorizada de Abimael o una combinación de las anteriores. Lo que obtuve fue un libro de fácil lectura, ligero (incluso light) donde la historia de de Sendero y Abimael es fusionada alternanando la trama principal con anécdotas personales del autor y las relaciones de su familia con personas más o menos cercanas a Abimael. El Perú es un país pequeño.

Combinando hechos históricos con frases tan “heterodoxas” como:

El valor casi místico que se atribuye la ideología recuerda a la Fuerza de Luke Skywalker, una herramienta espiritual y trascendente que le da a su usuario poder ilimitado. Por supuesto, materialista no cree en fuerzas del más allá. Pero para Guzmán, el marxismo es “ciencia y, a su vez, una ideología”, es decir, una verdad trascendental. Este tipo de marxista realiza el mismo proceso racional que un teólogo. Dispone de argumentos racionales, pero en lo fundamental, lo suyo es un acto de fe.

En dichos como este se nota la intención del autor, acercar la historia de la violencia en el Perú al público extranjero, sobre todo europeo, haciendo una comparación jalada de los pelos entre el Pensamiento Gonzalo y la Fuerza de George Lucas. Y es así como transcurre todo el libro, entre párrafos pensados para despachar al comunismo en algunas líneas e incluso un par de páginas realmente graciosas donde Roncagliolo hace el experimento de caer en el “radicalismo”.

Soy un burgués satisfecho y deje atrás mi edad universitaria. Muchas de mis ideas, buenas o malas, a estas alturas están demasiado arraigadas. Terminaré la investigación, me sumergiré en otra cosa y esto habrá terminado. Pero estoy padeciendo un brote de radicalización, y es como una enfermedad. Comprendo que, en el caldo de cultivo adecuado y a la edad propicia, mi rabia prendería, buscaría una manera de expresarse, una válcula de escape, una voz atronadora, tan sonora que nadie pudiese dejar de escucharla.

En fin.

Para terminar, el libro es recomendable como una primera aproximación a la guerra interna y el surgimiento e historia de Sendero Luminoso, pero por favor, no lo tomen como el trabajo exhaustivo que no es, sino como un reportaje para un periódico progre español posteriormente convertido en libro.



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