Después de algunos días sin escribir, regreso con más ganas que nunca. No estuve completamente alejado de la blogósfera, discutiendo como de costumbre en algunos posts del Útero, he aquí un comentario más completo sobre el polémico referéndum en Santa Cruz.

Es difícil procurar ser imparcial con un tema en candelero, sorprendente como las pasiones del momento, los juicios predefinidos y la palabra fácil son lo primero que sale al ruedo. En un caso tan polémico como el de Santa Cruz, donde el referéndum ha desatado las ya incontenibles pasiones de todos los espectros del pensamiento político. En un caso así, la primera tentación es entrar pistola al cinto y disparar sobre todo aquel que no concuerde con uno, esa es una actitud errada.

¿Que ha sucedido?

Desde hacia años Santa Cruz aspiraba a depender menos de la Bolivia clásica, esa de los chullos, montes y mineros, la Bolivia andina que todos tenemos en mente. Durante siglos, el oriente boliviano, lejano de las corrientes mayores de la vida en Sudamerica vivía por y para si mismo. En medio de riquezas naturales sin cuento, la otrora pequeña ciudad de Santa Cruz vegetaba en un marasmo sin fin en medio de los llanos y selvas cruceñas, olvidada tanto por la corona como por la nueva república, no tuvo mayor parte en la vida del vecino sureño hasta bien entrado el siglo XX.

El siglo pasado, tanto el petroleo como la agroindustria, impulsados por trasnacionales una y la otra por migrantes europeos post segunda guerra mundial -muchos de estos croatas acusados de ustachas en su país natal- desarrollaron a grandes pasos y Santa Cruz empezó a querer hacer de su capa un sayo.

Dueña de un desarrollo muy superior al de sus connacionales, independiente económicamente del gobierno central y con una burguesía prospera, emprendedora, identificada con lo suyo y mal que bien aglutinada en torno de un proyecto “nacional” para la región -ya quisiéramos una clase dirigente similar por estas tierras- Santa Cruz se yergue frente al eje La Paz - Sucre como retadora para dirigir los destinos nacionales o caso contrario tomar su propio rumbo.

Me hace recordar a la Arequipa del siglo XIX, la “ciudad caudillo”, cuya acción siempre independiente frente a Lima y el norte se debía a factores similares a los que hoy mueven Santa Cruz. Independencia económica al haber conservado tanto el comercio de lanas, que realizaba directamente con comerciante ingleses, como agricultura y un grupo -demasiado pocos para llamarlos clase- dirigente criollo que en medio del caos general en que había degenerado la república, se logro mantener en torno a su ciudad y la austera libertad económica que esta proveía.

Disgresiones aparte, los gobernantes de la La Paz, llamese Evo o quien sea ya no pueden permanecer indiferentes frente al belicoso oriente boliviano.

Desde el punto de vista cruceño la protesta es obvia. Atados a un país fracasado desde su creación, una población racialmente diferente, con todo lo que eso implica en cultura, prejuicios, recelos mutuos; geográfica y culturalmente alejados de los tradicionales centros de poder boliviano y pese a ello gobernado por este estado ausente y abusivamente recaudador. Estado centralizado para colmo, donde una ley pensada para las comunidades aymaras del altiplano es aplicada sin dudas ni murmuraciones en el lejano oriente camba, estado donde como es común en nuestra tierras, el Presidente es dios y la patria entera su séquito. Claro, en un país donde todos fueran idénticos esto seria algo más pasable, pero un gobierno que legisla y manda para la meseta y la montaña, ¿que diablos sabe de llanos y selvas?, un gobierno para los tradicionales aymaras y quechuas, ¿entiende algo de esos advenedizos cambas?

No es de extrañar la furia del oriente.

Ya estoy escuchando los comentarios, “y que hay con la reforma agraria”, “donde mencionas el papel de los intereses económicos” por citar dos que apuesto son las primeras reacciones hasta estas alturas del texto.

Es indudable que hay intereses económicos de por medio, por un lado la burguesía cruceña aspira a legislar y gobernar pensando en Santa Cruz, por lo tanto en ellos mismo, lo cual no tendría en principio nada de malo. Por otro lado intereses extranjeros que no me extrañaría que también estén apoyando la autonomía camba, que mejor para un hombre de negocios americano o chileno que tratar con interlocutores mas dispuestos a la conversación, menos reactivos y ¿porque no decirlo? que le deban un buen número de favores.

Solo recordemos la independencia en América Latina, el papel de Inglaterra, los empréstitos e inversiones que esta realizo en tierras criollas. Pero de ahí a declarar que pasamos a ser colonia de España para serlo de Inglaterra hay mucho trecho, similar es el caso cruceño y las multinacionales (agrupese aquí a cuanto cuco se puedan imaginar, desde la CIA al imperialismo chileno pasando por los habitantes de Alfa Centauri).

Para la Bolivia tradicional, la que Evo representa a pesar de sus poses revolucionarias e indigenistas -precisamente la Bolivia conflictiva y atrasada de siempre- no puede soportar esto. Por un lado las únicas riquezas que le dan una renta sin mayor esfuerzo, los hidrocarburos, están toditas en Santa Cruz y amigos, las tierras mejor cultivadas del país y en suma la mayor fuente de ingresos tributarios para la burocracia paceña, la única considerable en tan pobre nación.

Pongase por un lado masas en eterna pobreza, seguidores natos de líderes mesiánicos como Evo y Felipe Quispe, sin aptitudes ni ganas para dialogar, por el otro una región orgullosa de su tesón, pasado y actual riqueza, agreguele non sanctos intereses internacionales, aderecelo con dosis de racismo por ambos lados y la tradicional desconfianza entre el indio y el misti, sumele fuertes intereses económicos por ambos lados y tendrá Bolivia hoy en día.

Por mi lado dudo que la sangre llegue en cantidades al río, tal como piensa Godoy más que una declaración de independencia, algo imposible dadas las actuales circunstancias internacionales, este referéndum y el consiguiente agitamiento son indicadores que tendrán que hacer pensar a Evo&Cia en colgar los ponchos rojos para hacer algo que hace mucho no se ejercita en Bolivia: el dialogo y la concertación.

La hora de las autonomías ha llegado y el gobierno tendría que ser ciego y temerario para no entenderlo, ya nada volverá a ser lo mismo en la vecina república.

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