Grau

Como es costumbre todos los 8 de octubre nos quedamos en casa a descansar, quizás salimos a pasear, aprovechamos para despertar tarde, flojeamos todo el día, lamentamos que al día siguiente debemos trabajar de nuevo o cualquier otro ritual de feriado que cumplamos. Pero por lo general olvidamos la fecha que conmemoramos durmiendo unas horas más y sobre todo al héroe máximo de esa jornada.
Al caballero de los mares, el Almirante Miguel Grau Seminario.
La primera vez que leí sobre las hazañas de Grau era niño y vino a mi mente el último libro que acababa de leer: la Iliada. De alguna manera en mi mente trace un paralelo entre Héctor, el troyano y nuestro ilustre marino. A pesar de los años sigo manteniendo esa idea en mi, no puedo evitar pensar en uno cuando se menciona al otro.
Héctor es un arquetipo del héroe puro, aquel que pelea no por ambición, no por gloria, no por ansias guerreras o un carácter sanguinario. Es el patriota que cuando ve a su familia, a su pueblo amenazado toma las armas y se convierte en el baluarte más firme de los suyos, el muro tras el que reposa expectante la nación entera. Grau entra de lleno en esta definición.
Cuando uno lee su vida no observa un afán desmedido de gloria, deseo de poder o guerra, más bien es un hombre tranquilo, de familia, honesto. Un buen ciudadano en todo sentido, que cumple sus deberes para con todo aquel con quien tiene alguna responsabilidad. Desde muy joven se embarca y vive diversas aventuras: naufragios, motines, golpes de estado, el combate de Abtao son algunos de los sucesos que contribuyen a forjar su carácter y labrar el pedestal por el que subiría a la gloria.
En su biografía se observa el mismo patrón, no un hombre deseoso de aventuras y guerra, más bien un Odiseo que espera salir indemne de todas para regresar a casa, a su amada patria, con el deber cumplido. Y es así como veo su hora final, partiendo una vez más a cumplir una misión que sabe sin esperanza.
La derrota en el mar era obvia y más aún para un experimentado marino como Grau. A seis blindados el Perú oponía uno solo, a un país en orden y prospero se enfrentaba uno en permanente anarquía y pobreza. Aún así alarga lo inevitable, durante meses Chile se desespera al no poder tomar el mar, sus barcos son atacados uno a uno, las lineas telegráficas cortadas, los buques hundidos, un gabinete cae debido a las andanzas de nuestro almirante.
Su talla homérica se revela en cada detalle, no son sus últimos escritos discursos gloriosos, ni partes que eleven su gloria. Como Héctor en las puertas de Troya, la última carta que escribe es a su mujer, a la que desde Arica tranquiliza con estas palabras.
Esta misma noche voy a salir con la «Unión» a una corta excursioncita por el sur. No hay peligro ninguno, por consiguiente, no tienes porque alarmarte, ni menos asustarte. Saluda a mis hermanas y a Gómez, lo mismo que a Misia Luisa y demás familia.Con un fuerte y cariñoso abrazo, se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada instante.
Y es en el puerto donde los dejamos, a él y su buque, que en Angamos tenían una cita con la inmortalidad.
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