Adiós
Creo que no dormiré esta noche.
Hace algunas horas, tan largas, falleció Luis Alberto del Río del Río, mi abuelo, no puedo recurrir a la auto mortificación barata de lamentar no haber pasado tiempo con el, de niño lo hice y recibí impresiones memorables de esta interacción entre dos seres tan cercanos a los extremos de la vida. Abuelo extraído de un libro de cuentos, cabellos blancos, risa fácil, alegre, socarrón y sabido, era para nosotros la llave a un mundo más allá de toda nuestra experiencia, como los relatos de esos viejos cronistas y poetas que deslumbraban a la humanidad en tiempos más crédulos.
Hombre del campo, nacido hace 99 años en la vieja hacienda Pongor del callejón de Huaylas, sus historias nos trasportaban a un universo de gamonales, campesinos, peones, haciendas, revueltas indígenas, escaramuzas, peleas, cosechas, campamentos militares, viajes por la sierra, conversaciones con personas y tipos humanos hace ya tanto desaparecidos.
Aficionado a los caballos, las armas de fuego, pelear, ejercicios fuertes y la vida al aire libre era su vida en casa la otra cara de la moneda frente a mi intelectual familia paterna, al pensamiento oponía la acción, a la lectura el movimiento. No me es difícil escuchar su voz ronca animándonos a ir a caminar, !que tierna escena!, un anciano de aspecto viejo como el tiempo, pero aun fuerte y animoso, junto a dos pequeños que apenas le llegaban a la cintura caminando por calles y parques, con esa comunicación tan fluida entre un abuelo y sus nietos.
Años atrás fuimos a nadar al club como casi a diario en los veranos, había escogido el abuelo una silla cómoda donde sentarse y leer su sempiterno periódico, nosotros mientras tanto nadábamos de un lado a otro y reíamos frente a su sonrisa bonachona, de repente se nos ocurre fastidiarlo llamándolo para que entre a la piscina, como de costumbre cuando así lo batíamos respondía “si ahorra”, “ya voy”, “en un rato” tanto el como nosotros sabíamos que no iba a suceder pero era divertido poder molestarlo. No me daba cuenta pero ya puedo imaginar lo que el veía, no solo a unos chiquillos jugueteando, se vería a si mismo muchas décadas atrás chapoteando en los riachuelos y afluentes del rió Santa, recordaría a sus hijos cuando el era un joven padre de familia y quien sabe, también estaría viendo su propia inmortalidad, la sangre que continuaría su camino cuando el ya no estuviera.
Pero si no entro en esa piscina, si a medida que los años pasaban se iba ahogando en la de sus propios recuerdos. Poco a poco iba perdiendo la memoria de los sucesos recientes, podía olvidarse fácilmente de lo que acababa de decirte pero jamas se olvidaría de los sucesos ocurridos a la caída de Leguia, de la depresión y la quiebra del Banco Perú-Londres, la epidemia de la influenza (gripe española para él) y las carretas llenas de muertos pasando por las calles de Huaraz, sus experiencias en el ejército y tantas aventuras de su vida agitada.
No puedo fijar mis primeros recuerdos del abuelo, el llegaba a casa los veranos para fiestas y regresaba a su casa en Chimbote una vez empezaba el invierno, ahora que lo pienso es fácil de deducir, venia los veranos cuando estábamos de vacaciones a Lima para pasar unos meses con los nietos y luego regresar a seguir con su vida una vez regresábamos a clases. A medida que la edad lo iba derrotando se fueron extendiendo sus visitas hasta que un día se quedo en casa para siempre, de niño el era parte inseparable del verano, nuestras caminatas estaban escritas en piedra al igual que las idas al club o la playa el fin de semana.
Viejo aficionado a contar historias y cuentos, cuantos sapos nos habrá hecho tragar, ahora ya no me creo eso de que estando en la selva un soldado desapareció, cuando lo buscaron encontraron que una boa se lo había comido, la abrieron “y el cholo seguía adentro roncando como si nada”. Nos hablaba de la hacienda donde había vivido de niño, de costumbres y experiencias en un lugar y tiempo que bien podría haber sido Birmania hace mil años por lo exótico de las vivencia narradas.
Superviviente de un mundo extinto, hombre de a caballo en pleno siglo veinte, nacido para ver el fin de una era, fue la suya una vida de transición entre el el campo y la ciudad, adopto todas las formas que esta última exigía pero en en época tan tardía que hablaba conmigo aun decía.
- En la chacra se vivía mejor.
- ¿por?
- Habían más arboles y si nos daba hambre matábamos una gallina y ya.
Adiós abuelo.
Update:
Gracias a todos los que dieron sus palabras de apoyo y un abrazo para los amigos de Americatel por su bonito gesto.
Para terminar con esto, un video y su explicación.
En los lejanos años 20/30 el tango era el genero dominante en el país y el mundo latino en general, como no podía ser de otra manera, mi abuelo era según diversas fuentes un excelente bailarin del ritmo porteño. Ya anciano gustaba de escuchar a Gardel, afición que compartia con mi madre y que a pesar de mis risas he heredado, el video describe lo que puede ser una descripción de su vida, un intenso recorrido que llego a su fin.

4 Comments
1. MaRiSsA replies at 23rd May 2008, 9:59 pm :
Sorry n verdad! pero ia sabs, ahora él Sta Mejor =) Sonrie!!!
2. Antonio Baxerías replies at 25th May 2008, 2:49 am :
Muy emotivo tu post. Se nota que tuviste una bonita relación con él, y q la disfrutaste mucho. Eso es lo que realmente importa. Abrazos.
3. heymacrina replies at 26th May 2008, 7:15 pm :
Pedrito, lo siento mucho, me siento una pésima amiga, recien me entero. De verdad lo siento mucho, cuando te vea te daré un fuerte abrazo como nunca te lo he dado, muak, muak, muak!
4. yahaira replies at 1st June 2008, 11:50 pm :
Estoy conmovida con tus palabras , es muy importante sentir mucho amor por los nuestros ,saber reconocer lo importante que son para nosotros y sobre todos que estos recuerdos nunca moriran , se iran contigo hasta el último día, y que viva el tango! un fuerte abrazo .
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