Moneda e inflación

Hoy por hoy, con todo esto de la inflación se han venido escuchando conversaciones económicas al por mayor. Desde la TV hasta el almuerzo dominguero, el único problema es que por lo general uno puede entender o no la cantidad de conceptos y construcciones que se vierten.
Empezemos.
¿Que es la moneda?
En primer lugar diré que cosa no es la moneda: La moneda no es riqueza.
Tener un millón de dólares no te hace rico, tampoco cien millones o mil millones. La riqueza es todo aquello que se puede adquirir con esos dólares. La moneda en si no es más que un símbolo de riqueza, representa bienes y servicios pero no vale nada en si misma, coja usted un grueso fajo de intis y entenderá lo que digo.
Esto, que a primera vista puede parecer obvio tiene muchas consecuencias menos evidentes, la más conocida es la inflación.
¿Que es la inflación?
La masa monetaria en un país -la cantidad de billetes y monedas que circulan- representa la cantidad de bienes que este país dispone. No importa el valor simbólico que esta moneda tenga, un sol peruano vale más que un yen japones y nadie se le ocurriría pensar que la economía peruana es más grande que la japonesa.
La inflación se da cuando la masa monetaria aumenta por encima del incremento de la oferta disponible, al suceder esto, cada unidad monetaria pasa a representar una menor parte del total de bienes y servicios disponibles. Si lo anterior diera lugar a que todos aumentáramos de forma proporcional nuestro dinero, entonces la inflación no tendría consecuencias. Cada uno conservaría la misma cantidad de riqueza potencial en su bolsillo.
Pero como sabrán, no es así como funcionan las cosas.
El gobierno tiene -entre tantos otros- el monopolio de la emisión de moneda, así que cuando emite lo que esta haciendo en la práctica es arrebatar dinero de nuestros bolsillos al quitarle valor a la moneda. Un impuesto no legislado.
Procuraré ser aun más claro.
Imagine usted que hay una torta y existen vales para comer un pedazo de esta, diferentes personas tienen distintas cantidades de vales, unos tienen derecho a un pedazo, otros a tres y así por el estilo. Continuando con la analogía imaginemos que alguien llamado “Gobierno” emite más vales, los cuales también representan un pedazo de la torta. Al no haber aumentado esta, lo único que sucede es que los pedazos representados por un vale disminuyen de tamaño y el Gobierno se queda con la diferencia. Si este abusivo personaje hubiera duplicado el número de vales existentes, entonces cada uno de estos solo representaría la mitad del pedazo anterior de torta y el Gobierno se hubiera apropiado de la otra mitad de esta por medio non sanctos.
Es así que la inflación se convierte en el más injusto de los impuestos, no es votada por nadie pero nos arrebata capacidad adquisitiva para entregársela al gobierno sin consulta alguna mediante.
Para los economistas “no ortodoxos” -algo así como los astrólogos de la economía- jugar con la moneda es un medio valido para desarrollar un país, al igual que para algunos consumir esteroides también lo es para aumentar masa muscular.
¿Que sucede en un principio al aumentar la masa monetaria?
Todo es bonito, al aumentar la moneda en circulación se incrementa el consumo lo cual hace trabajar la oferta y eso da como resultado en un primer momento lo que todos quieren: crecimiento económico y empleo.
Pero no hay desayunos gratis y el mundo real existe.
Un rápido incremento del circulante conlleva a que la moneda pierda valor, pasada la euforia inicial viene la resaca. La moneda cae, quizás algunos ganaron en el cambalache realizado pero el grueso de las personas ve como su dinero se evapora, los ahorros de toda una vida se reducen en forma inexplicable, los sueldos disminuyen en valor real y el país se va desorganizando a medida que todo planeamiento y previsión se hacen progresivamente inútiles.
Perspectiva actual.
En este momento vivimos un ligero brote inflacionario, lo peor que podría suceder seria que el gobierno en vez de combatir el origen mismo del mal -el crecimiento monetario- inyecte aun más dinero en el país. Quizás en un primer momento se sentiría bien pero no seria más que combatir una resaca con dosis aun mayores de alcohol. Al incrementar el circulante solo se lograría agravar el problema intensificando la causa de este.
¿Que hacer?
Seria pedante de mi parte empezar a emitir recetas a diestra y siniestra, el loco griego que dirigía olas y barcos seria más cuerdo. Pero prudencia y un sano liberalismo es lo mínimo que se le puede pedir al gobierno.

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