La existencia de las rachas esta sustentado por la estadística. Si se tira un dado cien veces, se obtendrán pares e impares de forma igual, pero estos estarán distribuidos de forma irregular a lo largo de la serie de eventos.
Que fue lo que sucedió ayer.
Empecé ganando, las cartas me favorecían y veía divertido a mis rivales ingerir el alcohol que yo no tomaba. José ya vas por la sexta. Llena de nuevo la jarra. Metele menos gaseosa ( escupe al cielo…). Viruta ya toma el vaso y sigue las reglas. Y pronuncie palabras que ofendieron a los espíritus del ron y la suerte. Ya debería empezar a perder, me estoy aburriendo.
Y perdí.
Llegó el resto de la humanidad presente y empezó la debacle, la diosa vendada decidió inclinar su balanza en mi contra y pronto era el destinatario preferido de ingentes dosis de alcohol. Pasa el ron (adentro), sacaste cinco, tomas dos más (seco y volteado), el jocker son cuatro (otros tanto al fluido alcohólico), castigo otra más (temblor…no, mi vista se mueve sola), cuatro entre dos es dos, llenenle dos vasos. Ad nauseaum.
La noche en surco se presentaba serena, clima templado, la musica suena muy bieen (8).
No, no soy bueno jugando nervioso, ni ocho locos, ni nada cuando llevo media botella de cartavio negro encima. Pero uno tiene su orgullo, debía continuar, el deber me llamaba. Alcohol, más alcohol.
El centro de actividad se desplazo de la sala a la terraza y la estrella de la noche (este servidor), por no decir el hazmerreír oficial siguió a la marea humana en su migración. Pedro, suave las palabras nomas, no te juegues de boca con mis patas, todo tranqui ya les dije. Okey, todo tranqui, pero me interrumpes el camino al baño. Amplia vista, cómodos sillones y más ron.
¿Pedro, estás bien?, no Viruta.
El jardín delantero todo a pares, dos autos, dos sillas y mirada doble. Unas plantas, el fino piso de parquet y los zapatos de José fueron los inocentes receptores de mis pecados.
Espera Pedro en las sillas para poder limpiar (mi voluntad había desaparecido, era un mero juguete de las fuerzas desatadas en el entorno). Vamos por un taxi, no hay roche a quien no le pasa (…).
Solo recuerdo ser empujado en el asiento trasero, el taxista preguntando si no iba a ensuciar, ya lo hizo. Viaje infinito, los virajes del vehículo acentuaban los de mi conciencia, esta fluctuaba entre el no-ser y el no-sentir.
Llegada, la puerta de la sala no abre, a la puerta de la cocina. La escalera, segundo piso, mi cuarto, la cama. De alguna manera José me empuja y coloca en esta. Aquí están tu billetera, tu llave y tus lentes. Respuesta ininteligible.
Las 9am aprox, mi mamá siempre linda me pregunta, ¿como estuvo tu reunión?. Me niego a separarme de la almohada. Bien, pero no vuelvo a tomar cartavio, solo appleton para mi. Risa, ¡que exclusivo!.
Ya son las 7pm, mi cabeza de nuevo descansa tranquila sobre los hombros.
Reflexiones finales.
No más cartavio , ni kankun, ni capitán kid. Solo admitiré Appleton, Havana Club y Flor de Caña. Los demás te provocan malestar general, vulgo dixit resaca.
No importa la cantidad de preciosos ojos y bellas sonrisas, el ánimo de los amigos y las bromas de ellas. Me niego a volver a tomar quince vasos de ron al hilo.
Necesito a mandrake el mago para que me entrene, cosas como sacar un as cuando hay un cinco, desaparecer liquido sin bebertelo son habilidades fundamentales.