El Software Libre no es en el fondo algo nuevo, es la reedición en clave tecnológica, adecuada a los actuales tiempos, de un ideal tan viejo como la humanidad.
Ser un hombre libre en un mundo de hombres libres.
No he podido leer ningun archivo en formato .etd desde linux, el acroread de los repositorios marillat tampoco lo ha hecho.
¿Alquien que sepa?
Hacia mucho tiempo que no veia una pelicula TAN mala.
Wow!!
¿A vuelto telefónica a aumentar la velocidad?
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el que caracteriza sobre todo a mis ojos a los socialistas de todos los colores, de todas las escuelas, es una profunda desconfianza hacia la libertad, hacia la razón humana; es un profundo desprecio por el individuo, como simple hombre; lo que les caracteriza a todos es un intento continuo, variado, incesante, de mutilar, de acotar, de obstaculizar, la libertad humana de todas las maneras posibles; es la idea de que el Estado no debe ser tan sólo el director de la sociedad, sino también, por decirlo así, el dueño de cada hombre. ¿Qué digo?… Su dueño, su maestro, su preceptor, su pedagogo; que por miedo a que desfallezca, debe colocarse sin cesar a su lado, por encima de él, a su alrededor, para guiarle, preservarle, mantenerle, retenerle; en una palabra, es la confiscación, como decía antes, en mayor o menor grado, de la libertad humana. Hasta tal punto que si, en definitiva, tuviese que encontrar una fórmula general para expresar lo que me parece el socialismo en su conjunto, diría que es una nueva forma de servidumbre.
En los pueblos democráticos, los individuos no son muy poderosos, pero el Estado, que los representa a todos y a todos tiene en su mano, es muy fuerte. En ninguna parte parecen tan pequeños los ciudadanos como en un nación democrática.
A fin de cuentas, no creo que haya más egoísmo entre nosotros que en América; la única diferencia es que hay allí un egoísmo cultivado, y aquí no. Todo americano sacrifica una parte de sus intereses particulares para salvar el resto. Nosotros queremos conservarlo todo, y con frecuencia todo se nos escapa.
En los pueblos democráticos, donde no hay riquezas hereditarias, todo el mundo o trabaja para vivir, o ha trabajado, o es hijo de gentes que han trabajado. La idea del trabajo como condición necesaria, natural y honrada de la humanidad, está por tanto siempre presente al espíritu humano.
Bajo el despotismo, los pueblos se abandonan de vez en cuando a los excesos de una alegría loca, pero en general son tristes y reconcentrados, porque tienen miedo.
En los Estados Unidos, en cuanto un ciudadano tiene ciertos conocimientos y algunos recursos, trata de enriquecerse con el comercio y la industria, o bien compra un terreno sin roturar y se hace pionero. Sólo pide al Estado que no interrumpa su trabajo y que le permita recoger su fruto.
No sólo los ciudadanos de las democracias no desean naturalmente las revoluciones, sino que las temen. No hay revolución que no amenace, en mayor o menor grado, la propiedad adquirida. La mayoría de los habitantes de un país democrático son propietarios; y no sólo tienen propiedades, sino que su estado es precisamente aquel en que los hombres dan más valor a su propiedad.
El Estado recibe e incluso a menudo toma al niño de brazos de la madre para confiarlo a sus agentes; es él quien inspira a cada generación sus sentimientos e ideas. En los estudios, como en todo, reina la uniformidad; la diversidad, como la libertad, va desapareciendo continuamente.
Quisieran ser libres para poder ser iguales, y a medida que la igualdad se iba estableciendo con ayuda de la libertad, la libertad se les hacía más difícil.
Fijar al poder social límites extensos pero visibles y permanentes; otorgar a los particulares ciertos derechos y garantizarles el indiscutible disfrute de los mismos; conservar para el individuo la poca independencia, fuerza y originalidad que aún le quedan; levantarle ante la sociedad y sostenerle frente a ella; he aquí lo que en mi opinión debe constituir el principal objetivo del legislador de nuestra época.
Alexis de Tocqueville